martes, 27 de junio de 2017

La Belén y el medio ambiente

Hace un par de semanas volvió la Belén. Cuando se fue eran tres, pero ahora son cuatro. Estuvieron viviendo en diferentes pueblitos de Brasil. No terminó de llegar que propuso hacer un taller de algo de lo que ella hizo su proyecto de vida junto a su compañero y sus dos hijos: jabones artesanales y naturales.
Antes de que se vaya vivimos juntas en una casa vieja, de esas chorizo, llena de hippies, militantes, estudiantes de intercambio, gente hermosa y gente gil también. Eramos estudiantes veinteañeras. La casa era una ruina que se caía a pedazos pero me acuerdo siempre de la puerta de su pieza, llena de plantitas a las que cuidaba con una dedicación envidiable. Ella hacía de cualquier espacio algo hermoso. Su pieza era la más chiquita de todas porque había llegado al último y ni piso tenía pero ella se daba maña para tenerla impecable. Tenía una mesita en la puerta donde nos sentabamos a tomar mate, a fumar un puchito y a filosofar sobre la vida eternamente. Era tan lindo eso. Despertar y que alguna ponga la pava. Amaba esos momentos tan simples y profundos.
Y ahora está aquí de vuelta y la escucho tan madura, lúcida, sabia. Hemos hecho cosas tan diferentes con nuestras vidas y sin embargo nos seguimos encontrando en la misma sensibilidad. La admiro tanto que he sentido la necesidad visceral de contarles que existe, porque creo que este mundo no es lo mismo con o sin la Bel, porque ella lo embellece, lo hace mejor por donde circula. He ido a su taller y fue como revivir esas charlas sentadas tejiendo cambios sociales con el humo de los cigarros. Sólo que ya no fumamos porque hemos crecido en conciencia y no vamos a darle más guita a las multinacionales tabacaleras. Ha venido con un discurso y una práxis clara, con una propuesta de revolución cotidiana, accesible, con la serena voz que la caracteriza, esa voz a la que jamás he escuchado gritar o agredir a alguien. Ha venido a fundamentar la necesidad imperiosa de la autosustentabilidad como respuesta a este mercado noscivo y voraz de consumo irracional y descarte. Durante todos estos años con su compañero incursionaron en la cosmética natural y en la destilería de escencias, aprendiendo a hacer jabones, champués, pastas dentales, desodorantes, cremas, etc. y ha venido a compartir con su generosidad de siempre ese conocimiento, a crear conciencia de las porquerías cancerígenas derivadas del petróleo que le metemos al cuerpo cotidianamente y que ignoramos, del daño irreversible que ocasionan las multinacionales en el medio ambiente para extraer las cosas que consumimos, y de la explotación que sufren otros para hacerlo, mientras los dueños de las empresas se llenan de guita a costas de nuestra calidad de vida. Pero esto, de lo que hizo su medio de subsistencia para ella y su familia, esto de ser "prosumidores" (productores y consumidores: amé la fusión que usó) es más que una flashada hippies idealista; es una posición política y social clara frente al sistema y al ecosistema, que viene a demostrar que sí es posible un camino alternativo. Es real que dificilmente de pronto todos vayamos a dedicarnos a producir absolutamente todas las cosas que consumimos, porque capaz nos dedicamos a otras cosas y no tenemos tiempo, porque de eso también se encarga el sistema, de que no tengamos tiempo para pensar y despertar; pero lo que sí podemos hacer es tomar conciencia en primera instancia, pensar cómo organizarnos, dividir el trabajo y crear una red de producción y consumo responsables.
Esta es la Belén, la que siempre me hace pensar y ser mejor cada vez que nos encontramos, de la que acabo de aprender conocimientos muy precisos y concretos para el cambio social, la que transforma donde pisa con un amor tremendo por la humanidad y el medio que la rodea, la que reafirma que los conocimientos no pasan sólo por la academia, su retorno me ha conmovido inmensamente. Les deseo a todos una amiga como ella.


Kill Bill
  

1 comentario:

Jorge Curinao dijo...

Hermoso volver a pasar por acá. Saludos.